Carlos Felipe de Suecia y Sofia Hellqvist

Boda Carlos Felipe de Suecia y Sofia Hellqvist

Boda Carlos Felipe de Suecia y Sofia Hellqvist
Carlos Felipe de Suecia y Sofia Hellqvist

Carlos Felipe y Sofia de Suecia 'coronan' la Boda Real con el banquete nupcial y el 'vals de Sofia'

Los recién casados coronan su gran día con el tradicional banquete de bodas y el posterior baile nupcial. El Palacio Real de Estocolmo, escenario de ambas celebraciones, ha albergado el convite en el salón Mar Blanco, el mismo en el que cuelgan pinturas del siglo XVIII y en el que los reyes Carlos Gustavo y Silvia agasajaron a sus invitados durante su propio enlace en 1976, donde hoy los 350 familiares y amigos de Carlos Felipe y Sofia de Suecia brindarán por la felicidad de los esposos.

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Los novios, ella aún con el ramo en la mano, han sido recibidos a su entrada al salón por un clamor de bienvenida y una ovación de sus invitados, distribudos en pequeñas mesas redondas de diez comensales. El largo aplauso ha acompañado a los flamantes recién casados durante su recorrido hasta su mesa, mientras algunas invitadas aprovechan para tomarles una fotografía. La mesa presidencial, adornada por meseta de espejo de Johan Petter Nordqvist (1832), cestas de fruta, floreros y saleros en plata, es rectangular y se extiende a lo ancho de todo el salón, tras un maravilloso tapiz de flores como las que adornaban la capilla real. La Princesa se sienta entre su marido y el rey Carlos Gustavo en las posiciones centrales frente a los comensales.

Aún no es hora de los discursos y la princesa Victoria, guapísima con un vestido de H&M conscius que ha sido adaptado para ella el escote, aprovecha para hablar con su cuñado, Chris O'Neill. La reina Máxima se encuentra en la misma mesa que la princesa Mette-Marit con la que conversa amigablemente ya desde el cóctel en los jardines de palacio. El príncipe Haakon está sentado a la derecha de la princesa Mary, que ha invitado a sus acompañantes en la mesa a realizar un brindis.

El Rey sueco toma la palabra y abre el turno de las intervenciones. Durante el banquete, el rey Carlos Gustavo se dirige a la pareja de recién casados, declarando lo feliz que está de celebrar la boda de su hijo en el mismo lugar que le vio nacer y recordando a la pareja que desde ahora serán “uno solo”. Después el soberano ensalza las virtudes de Carlos Felipe –tanto las deportivas, como para el diseño, su pasión por el medioambiente o la gran carrera militar que ha desarrollado las militares-, para después darle la bienvenida a la nueva Princesa de Suecia, recordar su labor humanitaria en países de África, su devoción por el proyecto Playground para niños y jóvenes y decir que están muy orgullosos de ella.

Aunque sin duda la parte más emocionante llega cuando el soberano habla del amor: “Carlos Felipe y yo, en este sentido, también tenemos una cosa en común –ya que a lo largo del discurso el Rey había hablado de las muchas cosas que le unen a su hijo- hemos tenido éxito en la búsqueda de la mujer perfecta, alguien fantástico con quien compartir nuestras vidas. Realmente es sorprendente la felicidad y la unión que habéis encontrado el uno en el otro. Es agradable ver cómo sacáis lo mejor de cada uno, cómo cooperáis, cómo os complementáis, tanto en las grandes cosas como en las pequeñas”. Le sigue en el transcurso de la cena el romántico discurso del príncipe Carlos Felipe y la faceta oculta de la princesa Sofia como compositora.

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El menú ha sido elaborado pensando en la princesa Sofia. Se han elegido ingredientes y se han bautizado platos en su honor. El primer guiño a la novia han sido unos espárragos blancos Princesa Sofía, cocinados en jugo de flor de sauco con huevas de Älvdalen –y segunda referencia a la protagonista del convite: se trata de la pequeña localidad en la que la novia pasó su niñez- y emulsión de cebollino. Después se han servido cigalas cocinadas a fuego lento con cilantro y vieiras aliñadas con yuzu, acompañados de guisantes partidos.

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El plato fuerte del banquete real está compuesto por perca del lago sueco, Hjälmaren, con una parrillada de verduras de primavera caramelizadas con Crème fraîche y mantequilla ahumada. El postre ha consistido en unas tartaletas de melocotón y frambuesa con sorbete de chocolate blanco, champán y melocotón. Todo ello maridado con dos tipos de champán, vinos de las regiones francesas de Alsacia y Sauternes y un Pinot Noir, de la región vinícola sudafricana de Elgin, en consideración otra vez a la novia, muy comprometida con las causas sociales en África.

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El dulce y delicioso punto final del banquete nupcial ha sido la tradicional tarta nupcial. Doce pasteles iluminados con adornos florales, como los vistos en todos y cada uno de los escenarios nupciales, sobre una estructura articulada muy original, muy de vanguardia. El conjunto está rematado con una reproducción de una de las coronas que han presidido la ceremonia religiosa. Los novios cumplieron también con la tradición de partir juntos mano a mano con el sable el primer trozo de una de las tartas dispuestas sobre una mesa rectangular. El matrimonio comparte el primer pedazo de tarta y asienten hacia sus invitados con el gesto de está muy rica. Cinco cocineros ayudan a repartir el pastel de boda entre todos.

Los invitados se han trasladado a continuación a la galería de Carlos XI, una bella y alargada estancia inspirada en la Sala de los Espejos del Palacio francés de Versalles, a la que se integraron elementos nórdicos, como las pinturas del techo que narran episodios de las Guerras del Norte, en las que Carlos XI fue comandante del Imperio Sueco. Allí los recién casados abrieron el baile con el vals de Sofia, escrito por Pelle Arhio e interpretado por Per Bredhammar, y que comienza con las palabras "Amada, el año difícil ha pasado; amada, has superado la prueba".

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Los novios han tenido que recurrir a un profesor de baile, dado que el tema elegido es excesivamente lento y querían bailar perfectamente el día de su boda. Lecciones que visto lo visto hoy han sabido aprovechar: no han descuidado la técnica llevando en todo momento la cabeza ladeada, ni el ritmo un-dos-tres. Se sumaron compases después los Reyes de Suecia, que bailaron con sus suegros Hellqvist, y a continuación salieron a la pista los hermanos de la pareja. Y después todos los demás.

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