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Comentar 14 MAYO 2004

Una boda histórica 'coronada' por las mejores joyas de la realeza

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Mary Donaldson. 
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Ana María de Grecia. 
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La reina Sofía. 
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La infanta Elena. 
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Victoria de Suecia. 
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Máxima Zorreguieta. 

Si hay un complemento que caracteriza a una dama de la realeza ese es la tiara, por ello no es extraño que la capital danesa haya brillado hoy más que nunca con los históricos diseños que reinas y princesas han lucido en el enlace del príncipe Federico. Pero estas pequeñas obras de arte con cientos de años de historia, confeccionadas con piedras preciosas, no han sido las únicas piezas que han hecho brillar aún más la elegancia de todas las invitadas. Pendientes, collares y pulseras heredadas de generación en generación han puesto una nota de 'glamour' a este enlace real.

La gran protagonista de la boda, la novia, ha elegido para el día más importante de su vida dos únicas piezas: una espectacular tiara, regalo de la reina Margarita de Dinamarca; y unos pendientes de platino, diamantes y perlas de los Mares del Sur, que fueron diseñados en exclusiva para la ocasión y de forma manual por la diseñadora de joyas Marianne Dulong. Aunque la joya más importante del enlace o, quizá, la que más valor sentimental tenía, no la ha podido poseer hasta que no ha tenido lugar la ceremonia, la alianza.

La madre del novio, la reina Margarita de Dinamarca ha querido acompañar al altar a su hijo luciendo la Tiara Tocado Floral, un regalo que recibió de su madre en la época de su segunda visita oficial a Suecia. Consiste en tres piezas florales flexibles que pueden llevarse juntas, lo cual resalta enormemente la tiara, o por separado para que sea más ligero. La reina Margarita ha portado estas piezas de muchas maneras distintas. Las tres joyas también se pueden llevar como broche y como diadema para sujetarse el pelo. Además de llevar esta magnífica joya, portaba, para cerrar su elegante abrigo fucsia, una de las joyas más destacadas de la casa real danesa: el Broche Trágico, un ramillete compuesto de 1.091 diamantes. En el cuello, ha optado por lucir el collar de la colección Diamantes de Carolina Amalia. Los diamantes de esta pieza -tiene siete diamantes en forma de pera y los de mayor tamaño son de 21 quilates- se extrajeron de joyas pertenecientes a la reina Carolina Matilde, entre otras; los grandes diamantes en forma de pera se obtuvieron de una antigua joya que se lucía en la cabeza.

Y quizá hoy, Alejandra de Dinamarca haya recordado bellísimos momentos del día de su boda con el príncipe Joaquín, pues ha lucido la tiara de las lágrimas, la misma que llevó el día de su enlace con el príncipe Joaquín, regalo de la reina Margarita de Dinamarca. Una pieza que fue creada para la gran duquesa Anastasia de Mecklenburg-Schwerin, nacida de Rusia, (1860-1922) y heredada, posteriormente, por Alejandrina, su hija mayor, nada más cumplir ésta su mayoría de edad. La valiosísima joya pasó a formar parte de la colección real de Dinamarca cuando Adini, así llamada familiarmente la duquesa Alejandrina, se casó con el que estaba llamado a ser Rey de los daneses: Christian X, en 1898. Tras la muerte de la reina Alejandrina, en 1952, la tiara fue heredada por su hijo mayor, Federico IX y por su nuera, princesa Ingrid de Suecia quienes acabarían regalándosela a su hija primogénita, la princesa Margarita, hoy día soberana de Dinamarca.

La familia Real Española, que dentro de ocho días celebrará la boda real de su príncipe heredero, acudió al enlace danés con algunas de sus joyas más legendarias. Doña Sofía ha elegido la diadema Cartier de la reina Ena, diseñada por Cartier en 1920 es de inspiración art-decò y está orlada con brillantes y perlas sobre una base de platino. Destaca en esta joya la flor de lis abrazada por dos grandes brillantes y rematada por una perla y seis roleos vegetales con una perla en cada uno. Curiosamente, ninguna novia de la Familia Real Española la ha lucido en su boda, de ahí que no sea, hasta el momento, una diadema nupcial.

Doña Elena eligió para sus nupcias con don Jaime de Marichalar la tiara con base de platino que le regaló su suegra, María Concepción Saénz de Tejada, condesa viuda de Ripalda, el día de su petición de mano. La misma que ha llevado hoy al enlace danés.

Por su parte, la infanta Cristina eligió para su boda con Iñaki Urdangarín la Tiara Floral de Diamantes, con la que ha acudido hoy al matrimonio danés. Se trata de un regalo del Gobierno español a Doña Sofía con motivo de sus nupcias en 1962. Este diseño de platino y diamantes, elaborado por la joyería francesa Mellerino puede utilizarse como broche y como gargantilla.

Y una de las pocas invitadas reales que no ha adornado su tocado con una tiara ha sido la futura princesa de Asturias.Doña Letizia llevó como complementos un soberbio aderezo de brillantes y rubíes compuesto por pendientes y broche art decò cedidos para la ocasión por Doña Sofía.

Las damas de la Familia Real sueca, que posó en la puerta de la Iglesia de Nuestra Señora de Copenhague antes de entrar al enlace, eligieron piezas históricas de su colección privada de joyas. La reina Silvia completó su elegante traje de dos piezas con una tiara de amatistas y diamantes que perteneció a la reina Josefina y fue uno de sus regalos de boda, en 1823. Es una de las preferidas de la princesa Victoria; aunque para esta ocasión la princesa heredera de Suecia ha elegido la Tiara de las Rosas, que perteneció al fundador de la dinastía de los Bernadotte, Carlos XIV Johan y se distingue por sus seis diamantes (se puede usar también con cuatro) en forma de flor o botón.

Y la benjamina de la casa, Magdalena, acompañó su vestido rosa pastel con un discreto conjunto de joyas que ya ha lucido en alguna ocasión. En la cabeza, ha optado por una diadema sencilla con dos bandas muy finas de diamantes unidas entre sí en el centro por una gran aguamarina ovalada. En el cuello, para resaltar el amplio escote en pico con ligera ondulación ha llevado la tiara Baden, que se puede convertir en collar. Esta joya perteneció a la familia de los Baden (de ahí su nombre) y fue un regalo que los Grandes Duques le hicieron a su hija Victoria en 1881, la fecha de su boda. Es una de las tiaras preferidas de la Familia Real y fue un regalo del gran duque Friedrich I de Baden y de su esposa, Luise, a su hija Victoria con motivo de sus esponsales con el futuro rey Gustav V, en 1881.

La reina Beatriz de Holanda ha lucido en Copenhague una tiara de perlas y diamantes con un diseño de volutas y flores de lis entrelazadas. Perteneció a la reina Guillermina, quien la lució en los retratos de su coronación oficial en 1898. Posteriormente, la actual Reina de Holanda se la puso con motivo de su boda en 1966. Su nuera, la princesa Máxima Zorreguieta, también ha querido que la misma tiara que lució el día de su boda la acompañase en las nupcias danesas. Para muchos, la boda de los futuros herederos holandeses fue de cuento, por ello, usó la pieza por excelencia de todas las Reinas, una tiara de diamantes histórica denominada la Tiara de las Estrellas, ya que de la estructura de oro blanco con incrustaciones de diamantes salen cinco flores con forma de estrella.

La princesa Laurentien ha llevado la tiara de diamantes y perlas de lágrima escalonadas, una magnífica obra de joyería compuesta de diamantes antiguos con un diseño de volutas y flores de lis entrelazadas coronada por cinco perlas naturales y purísimas, en forma de lágrima, y de tamaño extremedamente infrecuente. Tesoro de valor incalculable, regalo del rey Guillermo I de Württemberg, a su hija la princesa Sofía, primera esposa del rey Guillermo III de los Países Bajos.

La reina Sonia de Noruega ha lucido en la boda de los Príncipes daneses una tiara neoclásica de diamantes y esmeraldas, célebre por haber sido realizada para la emperatriz Josefina por el joyero imperial francés Bapst. Se trata de una base de oro blanco con esmeraldas en diversas formas geométricas incrustadas en una diadema repleta de diamantes. La tiara acabó en manos de la emperatriz Amalia de Brasil, que se la dejó a su hermana, la reina Josephine de Suecia, Princesa de Leuchtenberg. La primera persona que fue retratada con ella fue la reina Sophie, de soltera Nassau. La tiara y su collar, a juego, fueron pedidos prestados por la princesa heredera Margaret para lucirla en un acontecimiento familiar en el año 1910. La reina Sophie dejó entonces el conjunto de tiara y collar a su hijo más joven, el príncipe Carl, que se lo regaló a su esposa, la princesa Ingeborg de Dinamarca. Cuando la princesa heredera Martha dio a luz al futuro rey Harald, sus padres le dieron las espectaculares joyas. Cuando Sonia de Noruega se hizo con ella, las dos esmeraldas, en forma de lágrima, que la componían originalmente, se habían quitado para hacerse unos pendientes.

La princesa Marta Luisa ha lucido en el enlace de Federico unos pendientes largos y una fina gargantilla a juego y, como joya principal, su tiara preferida. Una joya de diamantes y perlas, conocida como la tiara del rey Olav, que llevó también para la boda de su hermano, el príncipe Haakon, con la princesa Mette-Marit. Por su parte, la futura reina de los noruegos ha portado hoy la misma tiara que llevó en su boda con el heredero noruego.

La reina Paola de Bélgica ha llevado una tiara de diadema de diamantes con diseño geométrico que también puede ser usada a modo de gargantilla. La tiara fue un regalo de su anterior propietaria, la reina Isabel, para la reina Astrid en 1935 con motivo del nacimiento de su segundo hijo, el futuro rey Alberto II. Tras la muerte de la reina Astrid, la joya fue usada por la segunda esposa del Rey: Lilian Baels. La reina Paola la ha lucido desde que era la Princesa de Lieja, antes de convertirse en Reina de los Belgas y, en las últimas décadas, la ha lucido en numerosas ocasiones por lo que podría decirse que ésta es una de sus joyas preferidas. Fue también la diadema elegida por la princesa Matilde para el día de su boda con el príncipe Felipe. Aunque para el gran enlace danés, Matilde ha optado por una tiara con corona de diamantes que también puede usarse a modo de collar. Realizada en el período de entreguerras, está decorada con hojas y bayas, y fue un regalo de boda de los aristócratas belgas para la princesa. La lució por primera vez durante la visita real española a Bélgica en el año 2000.

Carolina de Mónaco, una de las primeras invitadas reales en llegar al templo en el que ha tenido lugar el enlace, coronó su elegante vestido en tono oscuro con una impresionante pieza de platino y brillantes que perteneció a la duquesa Victoria Luisa, la abuela de su esposo, el príncipe Ernesto de Hannover. Victoria de Prusia se casó con Ernesto de Hannover en 1913 y murió en 1980. En su matrimonio tuvieron cinco hijos entre ellos: Ernesto de Hannover (padre del actual esposo de la princesa Carolina); y Federica, la madre de la reina doña Sofía. La princesa, que podía haber elegido entre algunas de las tiaras de su propia colección, ha preferido en esta ocasión lucir la espectacular tiara de los Hannover porque, en esta ocasión, ha acudido como esposa de Hannover y no como princesa de Mónaco.

La princesa Astrid lució en la boda de los príncipes daneses una tiara de diamantes con un diseño de hojas y bayas. Se trata de una joya de la familia Savoy–Aosta, propiedad de la princesa Margarita, suegra de la princesa Astrid de Bélgica, y cabeza de la rama austriaca oriental de la familia Habsburgo. La tiara pertenecía originariamente a la princesa Ana d'Orleans, esposa del Duque Amadeo de Aosta y madre de la princesa Margarita.

Ana María de Grecia ha lucido en la boda del príncipe Federico y la princesa Mary una tiara de esmeraldas de cabuchón, conocida como la Diadema de la reina Olga –sobrina de los Grandes Duques de Rusia-. Una joya, realizada para la reina Elizabeth, que la suegra de la reina Ana María, la reina Federica, usó como gargantilla. A juego, llevaba los pendientes, un impresionante collar con tres esmeraldas en forma de lágrimas y un broche.

La única representante femenina de la Familia Real inglesa, la condesa de Wessex, ha querido lucir en Copenhague la misma diadema de diamantes que la soberana la ofreció como regalo de boda y con la que dio el “sí, quiero” a su marido, el príncipe Eduardo de Inglaterra. La joya, formada por tres volutas montadas al aire, fue diseñada y remodelada por el joyero de la corona, David Thomas en Asprey y Garrard, de la prestigiosa firma joyera Garrad's. El mismo que creó las dos joyas que el príncipe Eduardo diseñó para su esposa como regalo de boda: una cruz de perlas negras sobre una hilera de perlas blancas a juego con unos pendientes. Y el mismo también que realizó, para mantener la tradición real, sus anillos de boda.

Marina Doria de Saboya, esposa de Vittorio Emanuele, acudió a Copenhague con una amplia corona de diamantes y perlas que perteneció a la Reina Margarita y que ésta le regaló el día de su boda. Sin duda, en enlace del heredero danés era una ocasión perfecta para lucirla.

Diamantes, rubíes, zafiros... y otras muchas piedras preciosas que han sido, una vez más, testigos directos de un enlace que pasará a la historia de las casas reales europeas.

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