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Comentar 01 FEBRERO 2002

Anfitriones de la gran fiesta de gala

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Máxima Zorreguieta y el príncipe Guillermo bailaron muy sonrientes y felices durante la gran fiesta de gala 
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La reina Sonia de Noruega y la reina de España, doña Sofía  
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Los reyes de Suecia, Carlos Gustavo y Silvia 
Los Príncipes Haakon y Mette-Marit de Noruega 

Con una gran cena-fiesta de gala, Máxima Zorreguieta y el príncipe Guillermo iniciaron ayer el programa de actos y conmemoraciones nupciales en la sala de los ciudadanos del palacio Real de Amsterdam.
Bajo un viento glacial, después de haber caído una tormenta de granizo durante la mañana, fueron llegando los trescientos invitados hasta el edifico histórico, símbolo del poder de los Orange, que hoy luce remozado en todos sus detalles con sus pisos de mármol, sus arañas con caireles -instalados por el rey Napoleón-, la espectacular cúpula y su campanario.

La reina Beatriz y las velas de la tarta
El programa, preparado con todo detalle por la Casa real, comenzó a las siete de la tarde con una recepción privada en la que, además de celebrar la inauguración de la boda, la reina Beatriz pudo soplar las velas de la tarta de cumpleaños -conmemoró su 64 aniversario - rodeada de sus buenas amigas las reinas Sofía de España, Margarita de Dinamarca, Paola de Bélgica, Sonia de Noruega, Noor de Jordania, y de las familias de éstas.

Toda la realeza se comprometió con Máxima
Reyes y Reinas, Príncipes y Princesas arroparon a Máxima en lo que fue su primera gran puesta de largo en el escenario de un mundo al cual pertenecerá, por derecho propio, a partir del próximo Sábado cuando, después de dar el sí a su prometido Guillermo, futuro Rey de Holanda, se convierta para siempre en Princesa de Orange y señora de Amsber.

New York, New York
Elegantísimas las grandes damas -a pesar del frío las invitadas evitaron arroparse con pieles-, todas de largo y sin apenas joyas, llegaron todas puntuales a la cita para aclamar a la novia nada más iniciarse la recepción. En ese momento en el que, fuera del mundo, los novios, mirándose a los ojos salieron al centro del salón de baile para moverse al ritmo de la canción de Frank Sinatra: New York, New York..."quiero despertar en esta ciudad que nunca duerme... Quiero ser una parte de Nueva York". Un Estado que permanecerá para siempre en la memoria de ambos. No hay que olvidar que, aunque se conocieron en Sevilla, en Manhattan -la ciudad en la que trabajaba y vivía Máxima- estuvo el corazón del romance. De un amor que pasará a los anales de la historia.

Máxima, con un vestido de color marfil hasta la rodilla, un sencillo moño, delgadísima - dejó a un lado su inseparable pashmina de color rojizo- y Guillermo, como todos los invitados varones, de smoking, bailaron la canción de Frank Sinatra.

Recibiendo a una nueva Princesa
A su alrededor, la realeza del mundo recibía complacida a una nueva princesa: Máxima de Argentina, siguiendo con beneplácito sus pasos en el salón. Sin excepción: los Reyes Alberto y Paola de Bélgica con sus herederos, el príncipe Felipe y Mathilde, la reina Sofía, don Felipe de Borbón y los duques de Palma; Carlos Gustavo de Suecia y la reina Silvia con sus tres hijos, Victoria, Magdalena -la gran protagonista de la noche, después de Máxima-, y Carlos Felipe; Margarita de Dinamarca y el príncipe Federico; la reina Noor de Jordania y su hijo Hanzel; Los grandes duques de Luxemburgo, Enrique y María Teresa, con su primogénito, Guillermo; la princesa Carolina, Ernesto de Hannover y el príncipe Alberto de Mónaco; Naruhito de Japón; Los Reyes de Noruega con sus hijos, Haakon y Mette-Marit y Marta Luisa y su prometido, Ari Behn; Constantino y Ana María de Grecia con su hijo Nicolás; Los príncipes herederos de Liechtenstein, así como el secretario general de las Naciones Unidas, Kofi Annan y un grupo de 20 personas invitados personales de la novia, familia y amigos íntimos de la infancia.

Familia y amigos de Máxima
Personas entre las que se encontraban los hermanos de Máxima, María Inés y Martín; su madrina Marcela Cerruti y sus dos grandes amigas del alma, Samantha Denae y Florencia Di Cocco, que desde hace una semana comparten con Máxima un ala del Palacio de Amterdan donde residen, donde se celebró la fiesta de gala y dónde el sábado, los príncipes, convertidos ya en marido y mujer, celebrarán sus nupcias con cerca de mil invitados.

Un palacio de 1800
Un Palacio construido a mediados del siglo XVII, en 1665, por el arquitecto Jacob Van Campen en la plaza medieval de Dam, el edifico fue el ayuntamiento de la ciudad hasta que Luis Bonaparte, hermano de Napoleón, se instaló allí como Rey en 1808. Con los años, no obstante, se convirtió en residencia oficial de la casa de Orange y se dejó en reserva para las ceremonias reales... Ahora, como otras veces a lo largo de la historia, ha vuelto a ser la residencia de la Familia real durante la semana de las fiestas nupciales.

Sistema de seguridad sin precedentes
Primera jornada nupcial y también la primera vez en la que se pudo poner a prueba el draconiano sistema de seguridad: con 6000 policías -que incluye a un equipo de submarinistas bajo los puentes que cruzan su entramado de canales- patrullas permanentes en el área, investigación a fondo de más de 25.000 personas , espacio aéreo restringido -sólo helicópteros policiales- ; cristales blindados en algunos de los pasillos por los que desfilarán los novios y los invitados; 1300 periodistas que han llegado de todo el mundo hasta esta pequeña ciudad para cubrir el suceso, aunque para alcanzar el punto culminante ya queden tan sólo apenas unas horas.

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