Comentar 20 OCTUBRE 2012

Los Príncipes de Asturias y el resto de los invitados llegan a la Boda Real de Luxemburgo

Fronterizo con Francia, Bélgica y Alemania y situado en el centro de Europa, Luxemburgo es un país que cuenta con apenas 2.586 kilómetros cuadrados, sin embargo hoy su extensión parece más grande y es que en ella se concentran el mayor número de realeza por metro cuadrado. Se celebra el enlace del último príncipe heredero y la lista de invitados incluye reyes, reinas, príncipes y princesas de los países europeos, incluyendo, entre otros, España, Bélgica, Noruega, Suecia, Liechtenstein, Dinamarca, Países Bajos, Rumania o el Reino Unido, así como representantes reales procedentes de de Marruecos, Japón y Jordania, entre otros países.

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"Nuestra boda es un evento internacional, lo que significa que es una buena excusa para mostrar el lado festivo de Luxemburgo", comentaba hace días Guillermo de Luxemburgo, antes de dar el ‘sí quiero’ a la condesa Stéphanie de Lannoy. Y lo cierto es que así ha sido.

En la plaza Guillermo II de la capital se ha instalado una pantalla gigante para que los compatriotas puedan seguir en directo la ceremonia y no perderse ni un solo detalles de este esperado enlace.

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Los primeros invitados a la boda comenzaron a llegar a la Catedral de Nuestra Señora de Luxemburgo poco después de las 09:30 de la mañana y las personalidades, los dignatarios extranjeros y los miembros de otras casas reales fueron llegando minutos después.

Caminando sobre una alfombra roja rodeada a ambos lados por otras alfombras en tono verdes, la mayoría de los invitados ha ido llegando en autobuses y minibuses, produciéndose así un continuo goteo de personalidades. Sonrientes y relajados han hecho su entrada en la Catedral, Sofía de Habsburgo, Filiberto de Saboya y su esposa, Clotilde Courau. Más tarde han llegado Kyril de Bulgaria acompañado por su cuñada Miriam Ungría, quien reaparece así en esta Boda Real tras su significativa ausencia en el enlace de Guillermo y Catherine, así como en el la ceremonia Alberto de Mónaco y Charlene, debido al grave accidente automovilístico que la princesa y su marido sufrieron en 2008 y que les apartó temporalmente de los actos oficiales. Miriam, quien fue la que sufrió menos daños, ha estado volcada en el cuidado de su marido Kardam.



Mientras los invitados llegaban y ocupaban sus asientos la orquesta y el organista interpretaban piezas de Mozart, entre las que se encuentran las sonatas de iglesia y la Fantasía en Fa menor.

Marta Luisa de Noruega, muy guapa con un diseño en gris, ha recorrido la alfombra roja al lado de Carlos Felipe de Suecia. Seguidamente, han llegado Laurent y Claire de Bélgica, ella con un vestido en color burdeos, un color muy usado por las invitadas que acudieron anoche a la cena de gala celebrada en el Palacio Gran Ducal.

Los invitados, los que van uniformados, hacen un saludo a la bandera de Luxemburgo que es enarbolada por una brigada del ejército colocada en el lado izquierdo de la alfombra roja.

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Y media hora antes del comienzo de la ceremonia y todos juntos en el mismo minibus han llegado el grupo de los invitados más esperados, los príncipes herederos de Europa. Victoria de Suecia ataviada con un vestido color nude, uno de sus colores preferidos, ha hecho su entrada del brazo de su marido, el príncipe Daniel, justo por detrás de los herederos belgas, Felipe y Matilde, que al igual que Máxima de Holanda, Paola y Claire de Bélgica, han confiados sus tocados a la especialista en la fabricación de sombreros de haute couture desde 1987, Fabienne Delvigne.

Máxima de Holanda, quien ayer brilló con luz propia en la cena de gala, hoy se ha decantado por un diseño más clásicode Natan, aunque no por ello ha dejado indiferente a nadie, debido a su interminable tocado de plumas y a los colores elegidos para formar el conjunto compuesto por una blusa mostaza con puños abullonados y falda negra.

Mary de Dinamarca, a quien ayer no conseguimos ver en el evento celebrado en el Palacio Gran Ducal, aunque sabemos que sí estuvo allí junto al príncipe Federico, ha confiado en el granate para esta boda tan otoñal. Mette-Marit, por su parte, quien ha llegado acompañada por su esposa, el príncipe Haakon de Noruega, ha recurrido a un vestido de encaje azul marino y como peinado una trenza, en vez de las ondas al agua que lució con tanto estilo ayer.



Ausentes ayer y deseados hoy, han hecho su entrada en el templo los Príncipes de Asturias. Doña Letizia, quien ayer cumplió con sus compromisos oficiales en nuestro país, ha elegido para esta Boda Real, la cuarta a la que la Princesa acude, un diseño en dos colores, vestido color ciruela y abrigo rosa palo con flores 3D bordado con perlas barrocas y cristal, obra de su diseñador de cabecera, Felipe Varela. Además, la Príncesa ha añadido a su conjunto una pamela también en rosa de los diseñadores vallisoletanos Pablo y Mayaya, que ya le hicieron el sombrero que lució en la boda de los Duques de Cambridge. El príncipe Felipe, por su parte, ha aparecido con uniforme militar.

Junto a los Príncipes de Asturias ha hecho su entrada el príncipe Naruhito, sin la compañía de su esposa Masako. Doña Letizia se ha mostrado muy amable con él y le ha esperado a la entrada de la Catedral.

Tras éste y también en solitario, Carolina de Mónaco, quien una vez más, y como no podía ser de otra forma, ha confiado su vestuario a Chanel, esta vez en tono maquillaje. Tras la princesa monegasca, Constantino de Grecia junto a su mujer, Ana María de Grecia. Después ha hecho su aparición la princesa Lalla Salma de Marruecos, a quien ayer vimos con rostro serio haciendo su entrada en la cena de gala en Palacio. La reina Silvia de Suecia, quien se ha reencontrado con su hija Victoria en el interior de la iglesia, ha llegado sola y luciendo un vestido morado, a conjunto son un pequeño tocado.

Alberto y Paola de Bélgica tan solo han llegado diez minutos antes de que lo hiciera el novio. Paola lucía un original tocado en tonos grises, al igual que el vestido. La diseñadora Fabienne Delvigne, quien también ha creado el tocado de la reina belga, ha echado el resto en sus creaciones, las cuales han llenado con gracia y originalidad la alfombra roja.

Espectadores directos ayer del ‘sí quiero’ en la ceremonia civil celebrada en el Ayuntamiento llegaban la familia del novio. El príncipe Luis y su esposa, la princesa Tessy; y los príncipes Félix, que actuará como testigo, y Sebastián. Así como la familia de la novia, quien también arropó a la pareja tanto en el recorrido realizado desde el Palacio Ducal al Ayuntamiento luxemburgués como durante el enlace.

Cerrando el desfile de la realeza y casi coincidiendo con la llegada del Gran Duque heredero han hecho su entrada en la Catedral Beatriz de Holanda en color lila y la reina Sonia de Noruega en color champán.

Y tras este interminable desfile de elegancia, glamour y tocados ha llegado el novio, el príncipe Guillermo de Luxemburgo del brazo de su madre, la Gran Duquesa Maria Teresa que ha optado por un vestido en color coral firmado por Natan con un original tocado de la ya mencionada Fabienne Delvigne. Tan solo diez minutos después de la llegada de su ya marido, y con puntualidad “inglesa”, Stéphanie Lannoy, a bordo de un automóvil Daimler DS 420 de color azul, comprado por la Familia Gran Ducal en 1988. Sale la novia y el tiempo se para. La princesa ha elegido al igual que hiciera anoche en la cena de gala un diseño de Elie Saab, un vestido de novia de auténtico cuento de hadas formado por encaje de color marfil bordado con hilo plateado, manga tres cuartos con encaje y un velo de tul de seda de color marfil bordado con hilo de oro.

Delante de ella los pajes vestidos de azul y naranja, y detrás, sin perder ni un solo detalle de los pasos y gestos de la princesa de Luxemburgo, sus damas de honor vestidas en color melocotón, la princesa Alejandra de Luxemburgo y Antonia Hamilton, sobrina de Stéphanie (hija de su hermana Nathalie con John Hamilton).

Tras la boda, los novios aparecerán en el balcón de palacio para saludar a los conciudadanos antes de asistir a la recepción que ofrecerán a sus invitados de casas reales, autoridades y amigos.

Los luxemburgueses podrán disfrutar por la tarde de una serie de conciertos y fuegos artificiales, regalo de la pareja a los vecinos de la capital.




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