Comentar 18 OCTUBRE 2012

El gran duque Jean y la princesa Joséphine-Charlotte: la otra boda real de Luxemburgo y Bélgica

 

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Hay Bodas Reales que casan países porque, como los ilusionados novios, también ellos están hechos el uno para el otro. Es el caso de Luxemburgo y Bélgica que, al igual que dos enamorados, parecen destinados a encontrarse una y otra vez a lo largo de la Historia. Bien en alianzas políticas, bien en matrimonios reales, como el inminente del gran duque heredero Guillermo y la condesa Stéphanie o el recordado del gran duque heredero Jean y la princesa Joséphine-Charlotte. El enlace de estos primos y amigos de la infancia que vieron convertirse sus juegos de juventud en amor fue, además de una ocasión de celebración para todos, una gran oportunidad para ambas naciones de cimentar el Benelux en aquellos difíciles años de la posguerra. Se convirtió en la esperanza de un nuevo futuro juntos y mejor.

El compromiso entre el gran duque Jean y la princesa Joséphine-Charlotte se anunció a finales de 1952 y su matrimonio se celebró pocos meses después, el 9 de abril de 1953, en la Catedral de Nuestra Señora de Luxemburgo. El novio era el hijo mayor de la gran duquesa Carlota de Luxemburgo y Félix de Borbón, Príncipe de Parma, mientras que la novia era la única hija de los reyes Leopoldo III y Astrid de los belgas. La princesa Joséphine-Charlotte llegó a la catedral del brazo de su padre y se reunió en el altar con el hombre con el que se iba a unir en matrimonio para el resto de su vida. La pareja se casó en una ceremonia tradicional católica frente a cientos de personas y más tarde, como manda la tradición, se asomó a la balconada del Palacio Gran Ducal para saludar a sus jubilosos conciudadanos congregados allí para transmitirles sus mejores deseos.

El traje de novia de la Gran Duquesa heredera era un vestido blanco de manga larga, cuello con volantes y escote abotonado con perlas. La cola tenía una pieza de encaje belga de Brujas, pero quedaba oculta por el velo. Una original decisión hizo que su puesta en escena nupcial fuera única y ha distinguido a la princesa Joséphine-Charlotte de la mayoría de las flamantes novias reales de hoy en día: llevó dos tiaras en su boda con el príncipe Juan. El cambio de diademas ha pasado a la historia en los retratos oficiales. Se coronó con la primera tiara, un regalo de boda de la entonces colonia belga del Congo, realizado por Van Cleef & Arpels, durante la ceremonia religiosa y con la segunda la tiara belga de diamantes en volutas, otro regalo de bodas del Banco Nacional de Bélgica, la Société Générale, para una serie de retratos oficiales en el palacio Gran Ducal. La tiara fue elaborada específicamente para la princesa Joséphine-Charlotte y tiene poco más de 46 quilates de diamantes.

Aquella amistad del príncipe Jean y la princesa Joséphine-Charlotte, que mudó primero en amor y luego en feliz matrimonio, nació gracias a la buena relación de la gran duquesa Charlotte y la reina Elisabeth de los belgas, madre y abuela respectivamente de los príncipes. Además, la gran duquesa Charlotte era también la madrina de su futura nuera. Aquellos frecuentes encuentros fructificaron. La pareja se casó y, en casi cincuenta y dos años de matrimonio, tuvo cinco hijos: la archiduquesa Marie-Astrid de Austria, el gran duque Enrique de Luxemburgo, actual soberano del Gran Ducado; el príncipe Jean, la princesa Margaretha de Liechtenstein y el príncipe Guillermo. Y, hasta la muerte de la gran duquesa Josefina Carlota en enero de 2005, fue muy feliz.

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