Comentar 10 MAYO 2010

Boda del rey Carlos XVI Gustavo y Silvia Sommerlath

La boda del rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, a sus 30 años de edad, y la alemana Silvia Sommerlath, tres años más que él, fue la primera que un monarca reinante celebraba en el país desde 1797; la anterior fue la del rey Gustavo IV Adolfo, a sus 21 años, y la princesa Fredrika de Baden, a los 16. Carlos Gustavo y Silvia se habían conocido en los Juegos Olímpicos de Munich en 1972.

El compromiso de Carlos Gustavo, rey de Suecia desde el 15 de septiembre de 1973, y Silvia se anunció el 12 de marzo de 1976 en el Palacio Real y, al día siguiente, los novios mantuvieron un encuentro con la prensa en los apartamentos de la princesa Sibylla. Las amonestaciones de matrimonio las hizo públicas el Jefe de la Corte, Chaplain Hans Åkerhielm, el 7 de junio desde el púlpito de la Capilla Real. La boda tuvo lugar en la Catedral de Estocolmo casi tres meses después de su compromiso, el 19 de junio.

Actos previos al enlace
La noche anterior a la boda, se vivió una velada de gala en la Ópera. La novia hizo una entrada inolvidable: deslumbrante y hermosa con un vestido fino, de corte alto y totalmente plegado, una chaqueta de encaje y, por primera vez, luciendo la tiara favorita de la princesa Sibylla. El día anterior, Silvia Sommerlath, aún una ciudadana extranjera, había sido galardonada con la Orden del Serafín, que lució por primera vez.

Tras la función en la Ópera, el Rey ejerció de anfitrión de una cena y baile en Drottningholm para unos 200 invitados, allegados y amigos personales.

La primera boda de un monarca reinante en Suecia en los tiempos modernos fue sencilla, juvenil y romántica. Resultó ser un acontecimiento que atrajo el interés de numerosos medios de comunicación y, en este sentido, se cumplió el deseo expreso del Rey de que hubiera la mayor transparencia posible en lo concerniente a los preparativos oficiales del enlace.

Decoración en la catedral de Estocolmo
El día de la boda, muy temprano por la mañana, el Maestro de Ceremonias y dos chambelanes recogieron del Tesoro las coronas de Erik XIV y Lovisa Ulrika y las llevaron a la Catedral de Estocolmo, donde se colocaron sobre dos cojines en color azul oscuro a izquierda y derecha del altar y que durante la ceremonia portó Carmita Sommerlath, sobrina de Silvia. La iglesia catedral de Storkyrkan estaba decorada en azul y rosa claro y perfumada con lilas blancas, gladiolos y espíreas contenidos en urnas de flores.

En el altar colgaba un antependium, donado por Johan, el hijo de Axel Oxenstierna, en 1659. El frontal, brocado en pequeños motivos florales, estaba decorado con el escudo de armas de Oxenstierna y Brahe. Las iniciales, títulos y propiedades del donante y su esposa, Margareta Brahe, también iban bordadas en el antependium, que es exclusivo de la catedral de Estocolmo y se utiliza para las ceremonias reales.

En el altar también se colocaron dos grandes candelabros y un crucifijo de madera de roble, plata y oro realizado en Augsburgo y donado por Magnus Gabriel De la Gardie a la reina Kristina para su coronación en 1650. Silvia Sommerlath había seleccionado ella misma para el altar dos jarrones de plata que contenían la rosa roja que lleva el nombre de la reina Silvia, cultivada especialmente para la ocasión. La reina Luisa había donado los jarrones a la catedral de Estocolmo y Silvia estaba muy orgullosa de ellos.

1.200 invitados a la boda
Alrededor de 1.200 invitados se concentraron en el interior de la catedral y esperaron al inicio de la ceremonia mientras el coro de la catedral cantaba y la orquesta sinfónica sueca tocaba una selección musical que incluía piezas de la época de la reina Cristina, Carlos XI, Adolfo Federico y Gustavo III. Pocas veces se había visto reunidas a tantas personalidades de las Casas Reales europeas y altos dignatarios de los Gobiernos: la reina Beatriz de Holanda y su esposo, el príncipe Claus; los reyes Simeón y Margarita de Bulgaria; Harald y Sonia de Noruega, entonces príncipes herederos, junto al rey Olav; la reina Margarita de Dinamarca con su esposo, el príncipe Henrik, y su madre, la reina Ingrid; los ex reyes de Grecia, Constantino y Ana María; los reyes Balduino y Fabiola de Bélgica; los Grandes Duques de Luxemburgo, el Presidente de la Alemania Federal, Walter Schell; y los duques de Cádiz, Alfonso de Borbón Dampierre y Carmen Martínez-Bordíu.


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El rey Carlos Gustavo, vestido con el uniforme de almirante, esperó a la novia en el vestíbulo de la iglesia. Llevaba la Orden de Serafín, la Orden de la Espada y, en consideración a su prometida, la Orden de la República Federal Alemana. Una vez reunidos, a las doce en punto y en una mañana radiante y soleada, el Rey la besó en las dos mejillas y la contempló durante unos momentos con contenida emoción. Rozó el elegante velo con la mano y miró el ramo de flores con satisfacción. Juntos caminaron hasta el altar mientras sonaba la Sinfonía de Chiesa de J.H. Roman. Firmaron como testigos Amelie Middelschulte, James Ambler, Helène Silfverschiöld, Hubertus Hohenzollern y Sophie Sommerlath.

Siguiendo la tradición nupcial alemana, el anillo de boda, de oro blanco y diamantes, fue llevado en un cojín por la dama de honor Carmita Sommerlath, hija de Ralf Sommerlath, hermano de la Reina.

El vestido de la novia
El vestido de novia, el secreto tradicional mejor guardado, no fue desvelado hasta el último momento. La novia había elegido uno en el mismo estilo clásico que los que habían llevado las princesas Birgitta y Desirée en sus respectivas bodas y había sido diseñado por Marc Bohan de la casa Dior, que también se encargó de los trajes de los pajes y de las damitas de honor. El vestido era de color marfil, completamente liso y con manga larga, entalaldo en la cintura y con una larga cola que arrancaba de un poco más arriba del talle.

El velo de la futura Reina, bordado de encaje, era una reliquia de la familia Bernadotte heredada de la reina Sofía y llevada por la madre del Rey, la princesa Sibylla, así como por las princesas Desirée, Margarita y Cristina. El velo se sostenía por la diadema con camafeos incrustados en oro rojo y perlas que fue el regalo que recibió de la princesa heredera Josefina cuando se casó con el rey Óscar I. La diadema estaba cerrada por una ramita de mirto de Sofiero, lugar donde fue plantado el árbol de la abuela paterna del Rey, la princesa Margarita.

A la joven florista Marlene Pröpster de los grandes almacenes NK se le había concedido el honor de hacer el ramo de novia con orquídeas blancas, un par de ramitos de jazmín y lirios del valle. Los pajes y damas de honor llevaron sus propios ramos de flores: Amelia Middelschulze, Helene Silfverschiold y Sofía Sommerlath portaban ramos blancos, y James Ambler y Hubertus von Hohenzollern, bastones con ramos de flores amarillas y azules, los colores de la bandera sueca.

Túnicas históricas del Arzobispado
La ceremonia de matrimonio se televisó y fue oficiada por el arzobispo Olof Sundby, que llevaba un vestido blanco y rosa procedente de las colecciones reales realizado en París para la coronación en 1751 de Adolfo Federico. El Arzobispo fue asistido por el capellán de la Corte, reverendo Hans Åkerhielm, vestido con sus propias túnicas de la Orden del Serafín en color azul claro, y por el doctor Ernst Sommerlath, profesor de Teología y tío de la novia, con túnica blanca.

El programa musical incluyó Festmusik de Lars-Erik Larsson, los himnos suecos I denna ljuva sommartid y Herren vår Gud är en konung i makt och i ära, Wie ist Dein Name so gross de G.P. Telemanns y, por último, Sinfonia D-dur de J.S. Bach. El organista de la catedral, Gotthard Arnér, tocó el órgano mientras que la orquesta sinfónica de la Radio sueca, conducida por Gustaf Sjökvist., se encargó del resto de la música.


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Cuando los novios pronunciaron el "sí quiero", floreió el patriotismo de los ciudadanos suecos y sonaron aplausos y vítores en todo Estocolmo. Se tomaron los anillos y, mientras el arzobispo pronunciaba las promesas, los novios las repitieron mirándose a los ojos. El momento en que el Rey le puso el anillo a Silvia sólo lo vieron ellos y los oficiantes, un momento que quisieron conservar para sí solos. El arzobispo ratificó después el matrimonio y Silvia Sommerlath se convierte, a las 12.18 horas, en Reina se Suecia ante los 1.200 invitados y alrededor de 500 millones de telespectadores.

Viaje por mar al Palacio Real
Tras la ceremonia matrimonial y bajo un sol primaveral, los nuevos Reyes de Suecia recorrieron triunfalmente en una carroza de lámparas de plata, con banderas y pañuelos ondeando a lo largo de todo el camino, la ciudad de Estocolmo. Escoltados por escuadrones de lanceros y dragones reales, y con un Estocolmo en pleno júbilo que les aclamaba con sonrisas y vivas llegaron hasta Skeppsholmen, donde tomaron el Vasaorden para iniciar un viaje a través de Strømmen hasta Logårdstrappan, en Skeppsbron.



Después de ocho minutos de viaje en la lancha real, estallaron las 21 salvas de ordenanza. A su llegada al muelle de Logårdstrappan, que se había transformado en un florido prado, un total de 224 músicos de folk de Dalarna, vestidos con sus trajes regionales y guiados por el músico de folk Knis Karl Aronsson, tocaron Brudmarsch från Leksand (la marcha nupcial de Leksand) para los recién casados mientras caminaban por la alfombra roja.



En la escalinata de Logården, hacia el Palacio Real, les recibió el Gobernador del Palacio Real Sixten Wohlfart. En el Patio Interior de palacio, los novios agradecieron las ceremonias de bienvenida. Entre ellas, destacó la de varios aviones que hicieron unas rápidas pasadas sobre las montañas del sur, en testimonio de felicitación de las Fuerzas Aéreas, trazando un fugaz corazón de humo contra el cielo.

La foto de boda
La tradicional fotografía de boda fue tomada por el fotógrafo Lennart Nilsson, que se tomó su tiempo en su tarea mientras miles de ciudadanos de Estocolmo se concentraban en Norrbro y las calles y plazas adyacentes esperando para ver a los recién casados.



Finalmente, y mientras comenzaban a caer las primeras gotas de lluvia ("Cuando sobre la corona de la novia llueve, suerte tiene" dice un popular dicho sueco), el rey Carlos Gustavo y la reina Silvia salieron al balcón superior de Lejonbacken. “Sentimos haber llegado un poco tarde y haberos hecho esperar", se disculpó el Rey. "Ha sido un día maravilloso y lleno de recuerdos. Estamos tan felices”, dijo mientras levantaba el brazo de la Reina en actitud radiante. La Asociación Coral de Estocolmo cantó En nuestro campo crecen arándanos mientras el público se unía espontáneamente a los cantos y los novios se miraban y sonreían. Después, el Rey. el coro y el pueblo sueco entonaron el himno nacional.

Banquete nupcial en Vita havet
El banquete de bodas se organizó enel piso de representación del príncipe BertilVita havet, en la planta alta del ala oriental del palacio. El propio príncipe Bertil ejerció de anfitrión y a los postres dio un emotivo discurso a los novios en representación de toda la Familia Real en el que les deseó "toda la felicidad imaginable en sus vidas". Alice y Walther Sommerlath, padres de la novia, eran los invitados de honor, a pesar de que entre los demás invitados había Reyes y Reinas.

El almuerzo había sido preparado por el chef de la corte, Werner Vögeli. El menú incluyó consomé frío con caviar, mousse de salmón al horno "Reina Silvia", paloma fría con hígado de oca y fresas silvestres con helado de vainilla y crema batida. Magníficos pasteles croquembouche, decorados con rosas de mazapán color rosa y horneados por el maestro pastelero de Operakällaren Dag Öster, dominaban las mesas.

La pareja eligió Hawái como destino para su luna de miel, tras la cual regresaron para disfrutar de unas bien merecidas vacaciones en el Palacio Solliden en Öland.

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