Comentar 08 JUNIO 2013

La emoción de los novios en la ceremonia religiosa

La llegada de la novia, el rito de los anillos, el 'sí quiero'...

 

Magdalena de Suecia

 

 

Los protagonistas se apresuran a la cita más importante de sus vidas. Chris O’Neill irrumpe minutos antes de las 16:00 horas en la capilla del Palacio Real para poner el final feliz a su particular cuento de hadas y amor verdadero con Magdalena de Suecia. Recorre con paso firme la alfombra azul que conduce al templo, acompañado por su amigo de la infancia Cedric Notz, que trata de mitigar la angustiosa espera del novio hasta el momento crucial: la llegada de la novia.

Ambos acceden al interior, donde son recibidos y escoltados hasta el altar por los oficiantes de la ceremonia religiosa, por Lars-Göran Lönnermark, obispo emérito, y por Michael Bjerkhagen, predicador de la congregación de la corte sueca. Instantes antes habían entrado los príncipes Victoria y Daniel, con la princesa Estelle, y la reina Silvia junto al príncipe Carlos Felipe a la engalanada capilla y ya repleta de invitados al enlace. Miembros del Gobierno, la realeza extranjera, familiares y amigos de la pareja… Alrededor de cuatrocientos.

El coro infantil irrumpe en la capilla y los pequeños se colocan en dos filas a lo largo del pasillo central. El novio sabe que ha llegado el ansiado momento. Magdalena de Suecia no se ha hecho esperar. La novia, blanca y radiante con una creación de Valentino y su tiara favorita adornada con flores de mirto, la diadema del rey Gustavo, acude a la hora prevista y sin defraudar a sus seguidores. La hija menor de los soberanos suecos, una de las princesas más bellas de Europa, está, si cabe, más guapa que nunca. Y él, que es un manojo de nervios, a duras penas puede contener la emoción cuando ve aparecer a su futura esposa del brazo del rey Carlos Gustavo.

Al son de la marcha nupcial cantada por los niños, padre e hija entran precedidos por los pajes y damitas de honor: Lillie von Horn, la gemelas Annais y Chloe Sommerlath, los condes Louis y Chiara de Abensperg und Traun, y Jasper D'Abo -ellas con preciosos vestidos blancos de seda con fajines de seda de tafetán en verde y tiaras con perlas y flores de papel y ellos, a tono, con pantalones blancos de seda y chaquetas de lana verdes.

 

Victoria de Suecia

 

El apuesto novio, de frac y luciendo la Orden de la Estrella Polar, recibe a mitad del trayecto a la princesa Magdalena con una mirada de complicidad y un cariñoso y necesitado apretón de manos, y juntos completan la última parte del recorrido, los últimos metros hacia su nueva vida como marido y mujer. Una vez se encuentran los novios ante el altar, en donde reposa como es tradición la corona de la princesa Hedvig Elisabeth Charlotta de 1778, presente también en la ceremonia de bautismo de la novia, sobre el almohadón de seda de la boda del rey Gustavo IV Adolfo y Fredrika Dorotea Wilhelmina en 1797, así como el estandarte de serafines, él toma la mano de ella, que estrecha una y otra vez y hasta besa en el transcurso de la ceremonia, y se prodigan continuas miradas de complicidad. Las de ella, más espontánea, acompañadas de una sonrisa; las de él siempre comedidas durante el servicio religioso.

Comienza una romántica ceremonia en inglés y en sueco para que el novio, su familia e invitados puedan ser partícipes de la misma, y sobre todo llena de detalles. El romanticismo preside de principio a fin todo el servicio. Contribuyen especialmente al despertar de las emociones los momentos musicales protagonizados por Marie Fredriksson, vocalista del grupo pop sueco Roxette, que entona para los novios la canción sueca Ännu doftar kärlek, y por el cantante Peter Jöback, que interpreta el tema The First Time Ever I Saw Your Face de Roberta Flack. El ceremonial no se dilata e instantes después la princesa Victoria, hermana de la novia, y la condesa Natascha Abensperg, hermana del novio, suben al púlpito para realizar las lecturas. Se acerca poco después el momento álgido de toda boda: el rito del intercambio de los votos y los anillos, que estuvo a la altura de las más románticas expectativas. Promesas de amor eterno con voz ahogada, alianzas que se resisten, una lágrima que se escapa, un beso en la mejilla... y la mirada de "ya está, ya lo hemos hecho" de Magdalena de Suecia a Chris O’Neill.

Un desfile de violinistas anuncia el final. La ceremonia ha concluido y la tensión de Chris O'Neill también. A los acordes de los violines, los novios abandonan la capilla. Tras ellos, la Familia Real sueca, la familia O'Neill, los miembros reales y el resto de invitados. Los recién casados aguardan unos instantes a la salida de la iglesia. Momentos en los que ya relajados se dejan llevar por un derroche de amor y felicidad: besos, miradas... Muchos besos. Buscados y promovidos por el novio, que ya deshinibido y más suelto que nunca, mantiene una simpática conversación a distancia con el público al que pregunta: '¿Un beso más?' y se lo da a la novia; al rato '¿Otro?' y la besa otra vez, e instantes después '¿Queréis otro?' y solícito vuelve a besarla... Y, ante tal arranque de pasión y simpatía, Suecia estalla en vítores, felicitaciones, redobles de campanas y salvas de cañón.


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