Comentar 01 JULIO 2011

Tras el enlace civil, Charlene ya es princesa de Mónaco

Sobre las cinco de la tarde ha comenzado la boda civil que ha convertido al príncipe Alberto y a Charlene Wittstock en marido y mujer. Esta es la primera de las grandes celebraciones (aunque ayer el concierto de los Eagles reunió ya a toda la familia) que estos días pone al Principado en el punto de mira de medio mundo. El evento se ha celebrado en el Salón del Trono del palacio, un lugar en el que han estado presentes las personas más allegadas a la pareja, dado que esta cita es mucho más íntima que la boda religiosa que se celebra mañana sábado. El enlace ha estado reservado a ochenta personas entre las que se encuentraban sus respectivos familiares, los testigos y las autoridades del Principado. Sin embargo, siguiendo el espíritu de acercar esta boda real al pueblo, los monegascos han podido seguir el desarrollo del enlace a través de pantallas colocadas en la plaza del palacio. Además las puertas del salón han permanecido abiertas para que la firma, breve, apenas ha sido una ceremonia de quince minutos, fuera presenciada por todos los asistentes.  

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Charlene ha elegido para esta cita un traje de chaqueta de color azul aguamarina, con falda pantalón de gasa, y el pelo recogido, con escasos adornos. Está radiante y no deja de sonreir, no es para menos porque está a punto de comenzar una nueva vida. Sin duda el momento más emotivo ha sido cuando el oficiante, el señor Philippe Narmino, el oficial del registro civil de los soberanos, ha dicho la frase “Os declaro marido y mujer”, entonces Charlene Wittstock ha recibido el mismo rango que su marido, Su Serenísima Alteza, ha entrado a formar parte de la familia Grimaldi y se ha convertido en princesa de Mónaco. A partir de ahora es Charlene de Mónaco. La gente congregada en la plaza ha roto en un clamoroso aplauso, mientras agitaban pequeñas banderas de Mónaco y Sudáfrica. Dentro de la sala, Estefanía, sentada junto a su hermana Carolina, no pudo evitar que se le cayera una lágrima cuando escuchó el "sí quiero" de los novios.

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El certificado de matrimonio estaba colocado en una mesa de mármol utilizada especialmente para estas ocasiones y se incluirá en un registro civil que pertenece a la familia del soberano que se guarda en el palacio. Es un registro especial que está cumplimentado a mano por un calígrafo. Primero ha firmado el príncipe y luego la princesa, ambos con un bolígrafo especialmente diseñado por Montblanc para ellos con incrustaciones de piedras preciosas, una pieza única en la que además se muestra el monograma de la pareja.

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El lugar elegido para este primer “sí quiero” no carece de significado ya que fue en la misma sala donde el príncipe Raniero III y Grace Kelly celebraron su enlace civil, el 18 de abril de 1956. También llamado el salón Grimaldi, es el testigo de los acontecimientos más importantes de la familia, “observados” desde el techo por unos impresionantes frescos de Orazio de Ferrari, que reproducen los signos del zodíaco y la historia de Alejandro el Grande. Las paredes y sillones cubiertos por seda damasquina roja contrastan con el suelo de mármol de Carrara con originales dibujos. En él cuelgan además retratos de los príncipes y princesas de Mónaco.

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El saludo en el balcón: un tímido beso y el himno de Charlene

Alrededor de las 17:50 horas, ya como marido y mujer, la pareja ha salido al balcón del Salón de los Espejos para saludar a los monegascos que les esperaban. Los gritos, aplausos y banderas agitándose bajo el sol radiante de Mónaco recibieron calurosamente a la pareja. Sonrientes y relajados, no dejaron de saludar a la multitud, mientras se abrazaban. Charlene no dejó de sonreir y apoyarse sobre el hombro de su ya marido, a quien no soltó de la mano.

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Toda la familia Grimaldi y la familia de Charlene apareció en el balcón junto a los recién casados que, después de darse un tímido y breve beso, bajaron a la plaza para reunirse con los monegascos. El príncipe Alberto dio un pequeño discurso a los allí congregados para agradecerles su presencia, antes de degustar un buffet con alimentos típicos de Mónaco y Sudáfrica.

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Escucharon entonces por primera vez el Himno a la princesa Charlene interpretado por los músicos de la Guardia de Palacio. La obra, arreglada y orquestada para los 24 miembros del citado cuerpo, ha sido creada por iniciativa de la Fuerza Pública, comandada por el coronel Luc Fringant, y es fruto de una colaboración entre el jefe adjunto de la fanfarria Christian Escaffre y monseñor Jean-Christophe Aurnague, de la iglesia del Sagrado Corazón de Mónaco. Para interpretarla se han creado cuatro trompetas de plata. Todo detalle es poco para una ocasión tan señalada como esta. Con esa música de fondo, se ha proyectado en las pantallas de la plaza el monograma de la pareja.

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