Comentar 03 JULIO 2011

Los detalles y curiosidades de la boda real de los príncipes Alberto y Charlene

Caídas, una novia sin tiara ni joyas, graciosas damitas de honor, emociones a flor de piel, invitados distantes... No te pierdas los momentos más divertidos e inesperados del enlace de Mónaco

La boda del soberano monegasco y Charlene Wittstock será recordada no sólo por ser uno de los enlaces reales más esperados de los últimos tiempos sino por todos los momentos inolvidables de los que hemos sido testigos y que sin duda quedarán para el recuerdo. De hecho, días antes de la boda los novios reales ya se convirtieron en noticia debido a los rumores de los que se habían hecho eco algunos medios como el semanario francés L´Express y que aseguraban que la ex nadadora olímpica tenía intención de anular los preparativos y volver a su país. Sin embargo, rápidamente y para no empañar el feliz acontecimiento, el Palacio de Mónaco emitió un comunicado para desmentir la noticia y Alberto y Charlene reaparecieron cogidos de la mano para supervisar los preparativos del concierto que Jean Michel Jarre ofreció en el Puerto de Hércules.


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Vestidos a juego
Como en todas las bodas, hay detalles que no pasan desapercibidos y uno de ellos fue la elección que hicieron algunas de las invitadas más jóvenes para acudir al enlace. Alejandra de Hannover, hija de Carolina de Mónaco, Violette, hija menor de la modelo Inés de la Fressange, y Christine y Alexia, las dos hijas mayores de la dama de honor, Donatella Knecht de Massy, sobrina política de Alberto, llevaron el mismo vestido. Un diseño sencillo con escote bordado en forma de "V" que lucieron en color crema excepto una de las hijas de Donatella, que prefirió el verde lima.

Damitas de honor muy especiales
En su deseo por conseguir una boda que no sólo estuviera pensada para reyes y príncipes, Alberto y Charlene decidieron que los pajes y damas de honor que se iban a encargar de acompañar a la novia al altar y que llevaban una cruz de oro que les regaló el soberano, fueran niños procedentes de Cap-d’Ail, Beausoleil, La Turbie, Menton, Peille y Roquebrune, poblaciones muy bellas y próximas al Principado. Este anuncio es una anécdota más que pone de relieve la ilusión que les provocaba al príncipe Alberto y a Charlene Wittstock que todos los monegascos disfrutaran con su unión ya que lo habitual es que estos puestos los ocupen los 'peques' de sus familias o amigos.

Una novia sin tiara
La princesa Charlene apostó por la sencillez. Ni tiara, ni pendientes, ni pulseras… La única joya que lució fue un broche de plata y brillantes que adornaba su recogido. Puede parecer extraño que una princesa no lleve tiara el día de su boda, pero en la dinastía Grimaldi es algo bastante común. El día de su boda con Raniero III, la princesa Gracia lució un bonito tocado realizado en seda y bordado con semillas de perlas, palomas y flores de naranjo. Por su parte, Carolina de Mónaco tampoco llevó tiara el día de su boda religiosa con Phillipe Junot aunque sí lució una en la fiesta previa a su enlace.

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Baile de emociones

Las lágrimas de las princesas Charlene y Estefanía han sido las únicas que se han derramado en esta boda real. La hija pequeña de Raniero III y Gracia de Mónaco no pudo contener la emoción cuando su hermano pronunció el esperado “sí, quiero” y rompió a llorar tanto en la ceremonia civil como en la religiosa. Por el contrario, Carolina estuvo distante durante las dos ceremonias y en ningún momento expresó las emociones que seguramente sentía en su interior. El príncipe Alberto tampoco se emocionó. Estuvo muy serio durante sus bodas y tan sólo dedicó una caricia a su esposa cuando ésta no pudo aguantar las lágrimas al depositar su ramo de novia en la capilla de Santa Devota mientras de fondo sonaba el himno a la Virgen María. Sin embargo, durante la ceremonia religiosa las cámaras captaron este momento en el que el soberano quería decirle algo a Charlene sin que se enteraran el resto de invitados y se tapó la boca con la mano. ¿Qué le contaría?

Llamativas presencias
Una de las notas más llamativas del enlace, en lo que a los invitados se refiere, y sin alejarnos demasiado de la familia Grimaldi, fue la presencia de los príncipes Ernest-Auguste y Christian, hijos de Ernesto de Hannover. Carolina de Mónaco se casó con Ernesto de Hanover el 23 de enero de 1999 y es el padre de su hija Alejandra. Desde hace tiempo llevan vidas paralelas aunque nunca se ha confirmado oficialmente su separación. De hecho, la princesa Carolina continúa recibiendo el tratamiento de Su Alteza Real la Princesa Carolina de Hannover. 

 

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Caídas y estilismos muy originales
Los invitados al enlace no sólo destacaron por sus cuidados atuendos, sobre todo en el caso de las damas, que lucieron espectaculares diseños y tocados, sino que hubo algunos que no quisieron pasar desapercibidos como el príncipe Federico de Dinamarca que sorprendió a más de uno con su original chaleco en tonos rojos y dorados a juego con la corbata. Tampoco olvidará nunca el día de la boda de Alberto y Charlene, Laurent de Bélgica que al salir de su coche y cuando se disponía a desfilar por la alfombra roja que llegaba hasta el Palacio Grimaldi, se tropezó y cayó al suelo. Sin duda, una anédocta más que se suma a lista de detalles y curiosidades que nos ha dejado una de las bodas reales del año.

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