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Coronación Felipe VI
Comentar 22 MAYO 2004

La complicidad de la Reina con su hijo, el Príncipe de Asturias

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El Príncipe de Asturias, vestido con el uniforme de etiqueta del Ejército de Tierra, del brazo de su madre y madrina de boda, la reina doña Sofía 
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El novio y la Reina Sale cierran el cortejo nupcial del Palacio Real 
Con el temor de la lluvia que no respetó la llegada de la novia, los invitados fueron ocupando su lugar en el templo. Desde las nueve y cuarto los invitados accedieron al templo siguiendo el protocolo y las normas establecidas. Todo parecía listo para la llegada de dos de los protagonistas de la jornada: el Príncipe de Asturias y su madre, la reina doña Sofía. El órgano Grenzig amenizaba la espera, con sus acordes llenos de significado. Y aunque el ambiente invitaba a disfrutar del momento, todos miraban discretamente el reloj para esperar la entrada del cortejo real, momento que marcaría la llegada del Príncipe de Asturias.

El príncipe Felipe, muy sonriente con su uniforme de gran gala del Ejército de Tierra, sale del Palacio Real acompañado por su madre, la reina Sofía, con una clásica mantilla negra y con un elegantísimo vestido largo de Margarita Nuez. La Reina y el Príncipe, durante todo el paso desde el Palacio Real hasta la catedral de La Almudena, sonrieron y saludaron a todos los congregados que no hacían más que pedir un gesto del príncipe Felipe. Cuando apenas quedaban unos metros para llegar al templo, la lluvia jugó una mala pasada y la Reina y el Príncipe fueron cubiertos por un enorme paraguas.

La Reina y el novio a la espera de doña Letizia
Los acordes del himno nacional acompasaron los pasos del cortejo nupcial. El Príncipe de Asturias, nervioso y solo, aguarda la entrada de doña Letizia Ortiz, mientras todos los invitados guardan un sepulcral silencio. A las once menos dos minutos, la lluvia juega una mala pasada. La intensidad de la lluvia contrasta con la intensidad en los sentimientos del Príncipe de Asturias, quien mira constante la entrada del templo con el fin de ver aparecer a la que se convertirá en su esposa, doña Letizia Ortiz.

Son constantes las miradas que se cruzan, entre el Príncipe de Asturias, de pie frente al altar; y los Reyes de España, quienes en todo momento se intercambian palabras y sonrisas.

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