Comentar 21 ENERO 2011

La boda real del siglo XX: Carlos de Inglaterra y Diana Spencer

El enlace se celebró el 29 de julio de 1981 en la Catedral de St. Paul, otro 29, pero de abril de 2011, contraerán matrimonio el príncipe Guillermo y Catherine Middleton

 

Carlos de Inglaterra y Diana Spencer

 

La boda del siglo (XX), como ha pasado a la historia el enlace de Carlos de Inglaterra, Príncipe de Gales, con Diana Frances Spencer, tuvo lugar el 29 de julio de 1981 en la Catedral de St. Paul. Carlos tenía 32 años, Diana tenía 20. Los jóvenes habían estado saliendo juntos durante medio año antes de que el príncipe se declarara y le propusiera matrimonio el 3 de febrero de 1981 en una cena para dos en el palacio de Buckingham. Se enteró de que su novia planeaba unas vacaciones para la semana siguiente y esperaba que en ese tiempo considerara su respuesta. El arzobispo de Caterbury y otros 25 clérigos, algunos de otras denominaciones, oficiaron el servicio tradicional de la Iglesia anglicana.

 

La boda de Carlos de Inglaterra y Diana Spencer

 

La boda en números
Un total de 3.500 personas se congregaron en la Catedral de St. Paul, pero fueron testigos de su ilusionado sí, quiero otros 750 millones de espectadores de todo el mundo que presenciaron la ceremonia desde sus televisores. Una cifra que ascendía a los mil millones si se contaba la audiencia radiofónica. Dos millones de admiradores de los Windsor y de la futura princesa se agolparon a lo largo del trayecto de cinco kilómetros entre Buckingham y el templo. Un itinerario que contó asimismo con 4.000 policías y 2.200 oficiales militares para controlar  el desbordado entusiamo de la abigarrada multitud al paso de la comitiva nupcial por la plaza palaciega, el paseo de Mall, la plaza de Trafalgar, Flett Street y la plaza de la catedral. Lady Diana llegó desde Clarence House a la catedral en una carroza de cristal, que fue realizada en 1910 y comprada por el rey Jorge V para su coronación, acompañada por cinco policías militares montados, ya que el coche resultaba demasiado pequeño para trasladar cómodamente al padre de la novia y a ella con su vestido y su larga cola.

 

La boda de Carlos de Inglaterra y Diana Spencer 



Una novia para la historia
Blanca y radiante fue Diana Spencer al encuentro de su futuro esposo. Eligió para su gran día un traje nupcial de estilo romántico. El suntuoso vestido de novia de color marfil, de inmensas mangas farol, escote con volantes, falda abullonada y cola de 25 metros, cautivó y fue imitado desde entonces por infinidad de novias dentro y fuera de las fronteras de Reino Unido. Lady Diana confió en la aguja de los diseñadores Elizabeth y David Emmanuel que bordaron a mano con lentejuelas y 10.000 perlas este histórico vestido de tafetán de seda. Coronó su look nupcial con la tiara de la familia Spencer. Una antigua diadema floral que fue reformada a raíz de que Sarah Spencer se la regalara a Cynthia, la Vizcondesa de Althorp (abuela paterna de Diana), como regalo de boda en 1919. La pieza consta de tulipanes y flores de oro y brillantes y está profusamente adornada con diamantes. Diana de Gales llevó la tiara en uno de los días más importantes de su vida, pero también en otros muchos acontecimientos oficiales. Hoy puede encontrarse expuesta en Althorp, propiedad familiar de los Spencer. El príncipe Carlos lució el uniforme de la Marina Real. Y todos los Windsor y sus ilustres invitados, entre los que se encontraban los soberanos reinantes de la vieja Europa (excepto los de España, que declinaron la invitación porque el viaje de luna de miel de la pareja incluía una escala en Gibraltar) y varios Jefes de Estado y Gobierno, vistieron sus mejores galas en este señalado día.

 

La boda de Carlos de Inglaterra y Diana Spencer

 

Lady Diana fue acompañada por su padre al altar y llevó cinco damas de honor y dos pajes.  El Príncipe de Gales no llevó un sólo padrino, como manda la tradición, sino dos: sus hermanos el príncipe Andrés, entonces de veintiún años, y el príncipe Eduardo, de diecisiete, compartieron este honor.  Las damas de la novia fueron lady Sarah Armstrong-Jones, de diecisiete; India Hicks, de catorce, nieta del fallecido lord Mountbatten, tío del príncipe Carlos; Sarah Jane Gaselee, de diez, hija de Nick Gaselee, entrenador del príncipe Carlos en las carreras de caballos en Lambourn; Catherine Cameron, de seis, hija del íntimo amigo del príncipe Carlos, Donal Cameron, y de lady Cecil, que es madrina a su vez del hijo de la princesa Ana, y Clementine Hambor, de cinco, bisnieta de sir Winston Churchill, con quien tenía parentesco lady Diana, y alumna durante un año de la futura princesa en el Young England Kindergarten. Los dos pajes fueron los ahijados del novio lord Nicholas Windsor, de once años, hijo de los Duques de Kent, y Eduardo van Cutsem, de ocho, hijo de unos amigos íntimos del príncipe.

 

La boda de Carlos de Inglaterra y Diana Spencer

 

Tras la ceremonia religiosa, los recién casados se dirigieron en un landó con postillones, fabricado en 1902 para el rey Eduardo VII, y tirado por cuatro caballos tordos, al palacio de Buckingham para celebrar un pequeño banquete para 120 invitados. Antes de iniciar el convite se asomaron al balcón de palacio y complacieron a la multitud con un romántico beso. El beso de un Heredero al trono y de una tímida e ingenua muchacha que parecía destinada a ser a su lado la futura Reina de Inglaterra. Aquel dulce día concluyó como es tradición con gran pastel de boda y baile. La tarta fue confeccionada por la Escuela de Cocina de la Marina Real, en HMS Pembroke, Chatham. Tenía cinco pisos, medía metro y medio de altura y pesaba unos cien kilos. Tanto la masa como el relleno, mazapán, helado, guindas, mantequilla, azúcar marrón, huevos, almendras especias, harina, limón, naranja, brandy y ron, estuvieron en maceración desde el mes de mayo anterior al banquete en diferentes licores y aguardientes y su preparación comenzó 14 semanas antes. El último piso estaba coronado por una cascada de orquídeas blancas, lilas del campo y fucsias símbolos del amor puro, incondicional y eterno. Pero la realidad de su matrimonio no fue un camino de flores.

 

Carlos de Inglaterra y Diana Spencer


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