Comentar 03 JULIO 2007

El príncipe Guillermo: loco de amor por Kate Middleton

Aunque en público guardan las distancias, en privado bailan, se besan y no dejan de mirarse

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Disimularon todo lo que quisieron, pero aún así a ninguno de los presentes se les escapó que entre ambos saltaban chispas
 
Aunque se esforzaron en despistar a todos manteniendo las distancias durante el concierto que se celebró el pasado domingo en memoria de la princesa Diana, el príncipe Guillermo y Kate Middelton no lograron convencer a nadie en la fiesta que siguió al espectáculo de que entre ellos sólo existe una bonita amistad. Disimularon todo lo que quisieron al prinicipio de la velada, cuando los cámaras seguían cada uno de sus movimientos, pero aún así a ninguno de los presentes -incluidas las estrellas invitadas- se les escapó que entre ambos saltaban chispas. La pista de baile se convirtió en un recinto de alta tensión y los invitados, en testigos de una atracción propia más de una pareja que se ha enamorado por primera vez que de una que se estuviera dando una segunda oportunidad. Sus respectivos acompañantes llegaron a sentirse incómodos por tantas idas y venidas de miradas.

La pose de indiferencia se vino abajo en el momento en el que se sintieron libres del ojo policía de las cámaras. Entonces, el príncipe Guillermo y Kate Middleton recurrieron abiertamente al juego del flirteo y los celos. Cuando el futuro Heredero al trono se acercó peligrosamente a la cantante Joss Stone -o viceversa- y comenzaron a bailar y bromear juntos, Kate, en la distancia, no les quitó ojo. Entonces, ella, guapísima con un vestido minifaldero blanco de encaje, salió a la pista de baile y se contorneó desplegando todos sus encantos. Todo su sex-appeal. Con lo que Kate no contaba es que tras un giro al son de la música, la esperara el príncipe Guillermo, quien la atrajo hacia sí y la plantó un beso en los labios. A este le siguió una retahíla de otros tantos besos apasionados, que regaron con cócteles de mojitos en un rincón a la luz de las velas. Y, en la intimidad de aquel rincón, el Heredero habló al oído a Kate y le sostuvo la mano, a escondidas, por debajo de la mesa. Mientras la pareja había hecho verdaderos esfuerzos para mantener ocultos sus sentimientos ante la gente, el príncipe Harry y su novia, Chelsy Davy, que brindaron con piña colada, no tuvieron reparos en mostrar abiertamente sus emociones.

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