Comentar 13 MARZO 2009

Daniel Westling, doblete de estrenos oficiales

Tras acompañar por primera vez a la princesa Victoria en un acto oficial, con motivo de la onomástica de ésta, acudió a su primera cena de representación en Palacio

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La segunda primera vez de Daniel Westling llegó horas después de haber debutado como acompañante de la princesa Victoria en un acto oficial con motivo de la celebración de la onomástica de ésta. El futuro Príncipe volvió a estrenarse anoche en otro compromiso de la agenda real: su primera cena de representación, organizada por los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia, en el Palacio Real de Drottningholm (Estocolmo). Una cita de alto perfil a la que asistieron representantes del cuerpo diplomático extranjero, diputados, miembros del Gobierno central, autonómico y local, así como personalidades del mundo de la ciencia, la cultura, el deporte y los negocios.

Los cerca de 160 invitados fueron recibidos, como manda la tradición, en el Jardín Blanco del palacio por los Reyes, la princesa Victoria y, por vez primera, también por el propio Daniel. Desde ahí se dirigieron a la galería de Carlos XI, habitual escenario de las cenas de gala de la Familia Real sueca. La de anoche ofreció a los comensales un menú compuesto por terrín de ganso ecológico, pichón de Bresse asado con puré de apio, zanahorias glaseadas y especias y, de postre, pastel de queso con chocolate con albaricoques sobre granos de malta.

El Rey llevó a la mesa a Filippa Reinfeldt, esposa del Primer Ministro, que se sentó a su derecha, mientras a su izquierda estaba Anna Maria Corazza Bildt, esposa del Ministro de Asuntos Exteriores. La Reina estuvo sentada entre el Primer Ministro, Fredrik Reinfeldt, y el de Exteriores, Carl Bildt; la princesa Victoria, entre Daniel y el Primer Ministro. Fue el propio Daniel el que condujo a la mesa a la Heredera, que estaba radiante con un vestido de chiffon beige. La princesa Victoria y su prometido se mostraron muy relajados y sonrientes a la hora de posar con los Reyes, antes de entrar a la galería para disfrutar de la cena. Asomaban a sus ojos, ajenos a la oficialidad del acto, continuas miradas de complicidad. El amor estaba en el aire. La felicidad de los prometidos, también.

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