Comentar 25 MARZO 2010

Victoria de Suecia elige tiara nupcial

La Princesa podría decantarse para sus nupcias por la diadema de los siete camafeos romanos, la misma que llevó la reina Silvia en sus esponsales

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Victoria de Suecia se prepara para protagonizar el próximo 19 de junio una histórica boda. La futura Reina se enfrenta, como todas las novias reales, a dos elecciones tan personales como secretas: su vestido de novia y su corona.

Se guardan en la cámara del tesoro del Palacio Real de Estocolmo una docena de tiaras soberanas, entre otras incontables joyas, que la princesa Victoria ha tenido a bien reservar para poder estrenarlas haciendo historia. Un tesoro al que la Princesa no ha tenido jamás acceso por estar destinado su uso en exclusividad a la Reina. Y es que, como en todos los reinos, el empleo de las centenarias tiaras se rige por la historia, las tradiciones familiares y un protocolo secular.

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La próxima celebración de sus nupcias con Daniel Westling marca un nuevo antes y después en el uso de los cofres. La princesa Victoria abrirá por fin algunos de los estancos hasta ahora prohibidos. Una inagotable cámara en el que se guardan tiaras y aderezos jamás usados por la Heredera al trono de Suecia: la diadema de los Camafeos; la tiara No me olvides de Connaught (con la que su madre, la reina Silvia, bailó en la fiesta de las vísperas nupciales); la doble de Laurel de su querida tía Lilian; la de aguamarinas; la del rey Gustavo; la de Leuchtenberg; la de los Nueve Picos, la de Braganza…

Con la ayuda de su madre, la Reina de Suecia, los expertos guardianes del tesoro y el jefe de protocolo de la Casa Real, la Princesa tendrá que decidirse, si no lo ha hecho ya, y elegir qué valora más en estas circunstancias –protocolo, sentimientos, innovación- y reflexionar cómo puede conciliar su posición de futura y única Reina en la Europa del siglo XXI –todos los demás serán Reyes- con la sencillez y el rango de su futuro esposo. Un hombre al que todo el mundo –incluidos los Reyes, después de siete años de relación- califica como extraordinario ser humano, pero para el que no se pueden pintar medallas, ni collares con órdenes dinásticas, ni uniformes militares de gala, aunque el rey Carlos Gustavo distinguirá a su yerno con títulos y alguna histórica orden.

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Es evidente que no todas las diademas son apropiadas para la boda de una Princesa heredera. Y que, por tanto, algunas no deberían ser consideradas. Por su extremada sencillez o por su majestuosidad; por su peso o por su altura, o sencillamente por su historia, su estructura y sus colores, estas joyas nunca podrían aspirar al título de tiara nupcial. A cambio, por todos esos pequeños o grandes atributos, sí serían las idóneas para acompañar a la Princesa en sus últimos pasos como novia vistiendo con piedras preciosaslos vestidos elegidos para las celebraciones de las vísperas.

Cumplida su mayoría de edad, la futura Soberana se adentró en sus primeras puestas en escena con vistosas piezas generalmente no ligadas a efemérides fascinantes. Con los años, fue adaptando joyas a estatus y a un destino: el de futura Reina. A unos meses vista de su boda, la Princesa se deja seducir por la belleza y el poder de las tiaras hasta ahora prohibidas sabiendo que si los diamantes son para siempre, las joyas de su corona fueron diseñadas como la mejor prueba de amor, de poder, o sencillamente de belleza.


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