Victoria y Daniel de Suecia coronan su enlace con el banquete nupcial en el Palacio Real
El rey Carlos Gustavo: 'Quiero dar al Príncipe la bienvenida en nombre de mi familia'
Los recién casados coronaron su noche de bodas con una fiesta. El Palacio Real, escenario preferido de la Familia Real sueca para los grandes acontecimientos, albergó en el Salón de Estado, y en las tres salas contiguas, el banquete nupcial de los príncipes Victoria y Daniel. De los 1.200 invitados que acudieron a la ceremonia religiosa sólo la mitad, debido a los problemas de espacio de palacio, asistieron también al convite. Los primeros entraron al comedor sobre las 19:30 horas y los últimos, los invitados reales de mayor rango y los miembros de la Familia Real sueca, pasadas las 20:00 horas. Los Príncipes de Suecia -Daniel luciendo por primera vez las insignias (condecoración y banda azul claro) de caballero de la orden de Serafín- hicieron su entrada a las 20:15 de la noche en un engalanado salón donde les esperaban en pie todos sus invitados ya acomodados.
La mesa principal, en forma de T, que discurría a lo largo de la sala, albergaba a los 98 invitados de mayor rango y concluía con una mesa de honor para los novios y sus parientes más cercanos, dieciséis en total. Victoria y Daniel ocuparon los asientos centrales de la mesa presidencial. A la derecha de la Princesa se encontraba su padre, el rey Carlos Gustavo; a la derecha del príncipe Daniel, la reina Silvia y, junto a los soberanos, los padres del príncipe Daniel, Olle y Ewa Westling. Los principales miembros de la Familia Real española ocuparon sus asientos en la mesa central. La reina Sofía se sentó entre Henrik de Dinamarca y el Presidente de Islandia, Ólafur Ragnar Grimsson; el príncipe Felipe se situó entre la condesa Gunnila Bernadotte y la princesa Benedicta, hermana de la reina Margarita, y la princesa Letizia, entre el ministro Carl Bidt y el Mariscal del Reino, Svante Lindqvist. Los demás invitados se acomodaron en las 38 mesas redondas de ocho comensales dispuestas a cada lado de la mesa principal y en las tres salas anexas de las Órdenes de Caballería. Un cuarto salón funcionó como cocina móvil para asistir a la cocina que ha sido especialmente instalada para la ocasión en el patio interior del Palacio Real. Tras el saludo del rey Carlos Gustavo y las palabras de bienvenida al nuevo miembro de la Familia Real sueca, los convidados comenzaron a degustar el banquete.
La decoración de los salones se cuidó al máximo. Un marco de terciopelo azul con los escudos de armas nacionales presidía el reformado Salón del Estado. El pabellón fue diseñado por Jean Eric Rehn y el escudo de armas y otros detalles se crearon en París con motivo de la coronación de Adolfo Federico en 1751. Manteles y servilletas adamascados de más de cien años de antigüedad vestían las exquisitas mesas. Completaban su ornamentación fabulosos servicios de porcelana y cristalería, y cubertería, candelabros y centros de mesa de plata. Preciosos arreglos florales de rosas rosadas, peonías, guisantes dulces, hortensias, lilas y lirios del valle, reflejo de la luz y las armonías del estío sueco, daban la nota de color y un espectáculo de flores rosadas de diferentes tonalidades, como si se tratasen de pinturas florales, decoraban las ocho ventanas ciegas de la sala. Fragancias de una noche para el recuerdo.
El dulce y delicioso punto final al banquete nupcial fue una tarta blanca, grande y sabrosa. El pastel de bodas con forma de trébol de cuatro hojas contaba con 11 pisos y más de 3 metros de altura, 250 kilos de peso y el 95 por ciento de los ingredientes eran orgánicos: crujiente de chocolate blanco, crema de almendras y mousse de fresas silvestres y champagne. Los recién casados cumplieron también con la tradición de partir juntos mano a mano el primer trozo de tarta. Los niños invitados corrieron hacia la novia y presenciaron en primera línea el momento, tras el cual la princesa Victoria bromeó con los pequeños. Todos tenían ganas de fiesta. Y los recién casados lo demostraron. Abrieron el baile con el tradicional vals, que reinventaron con una breve y simpática coreografía introductoria ad hoc para la ocasión. Se sumaron compases después los Reyes de Suecia, que bailaron ya la versión clásica, y a continuación salieron a la pista los padres del príncipe Daniel. Y después todos los demás. El broche de oro musical corrió a cargo de la Real Filarmónica de Estocolmo, dirigida por Gustaf Sjökvist, que amenizó la velada; del coro Romeo y Julieta; del grupo sueco Roxette, favorito de la Heredera; de Cotton Club y de Carola.
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