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Comentar 25 AGOSTO 2001

Los príncipes de Noruega rompen el protocolo

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De forma espontánea y con gran naturalidad, los novios mostraron al mundo sus sentimientos con este romántico beso 
El príncipe Haakon y Mette-Marit avanzan cogidos del brazo hacia el altar

Irrumpen en la catedral cogidos del brazo. Los invitados como impulsados por un resorte se levantan de sus asientos a modo de saludo. Caminan el uno al lado del otro. Haakon, quizá con el paso un poco adelantado. Tiene prisa por llegar al altar. Ya lo dijo en su discurso durante la cena de gala celebrada en el castillo de Akershus. "Si pudiera elegir no esperaría a mañana para casarme". Siguiendo una antigua tradición noruega y por deseo expreso de los novios, Mette-Marit no quiso ser escoltada por su padre y Haakon la recibió al pie de la escalinata y le dio un beso en la mejilla. Mette-Marit saluda con la cabeza, arriba y abajo. Haakon mira al frente. Hacia su destino. Antes de tomar asiento ambos hacen una reverencia los Reyes de Noruega. Detrás sus damas de honor y un paje muy especial, su hijo Marius de cuatro años, que ya dijo en su momento que se casaban los tres. Contra todo pronóstico el pueblo se ha echado a la calle. Oslo cae bajo el peso del clamor popular.


Las lágrimas de los novios

Haakon llora de emoción y sus lágrimas traspasan todas las barreras. El mundo se alegra por él. Su sueño se ha cumplido y poco importa su condición, su sexo y su uniforme. Llora con emoción contenida y contagia a Mette-Marit que intenta desesperadamente frenar las lágrimas mordiéndose su labio inferior. La novia lleva un pañuelo a sus ojos y se limpia sin disimulo porque no hay posible disimulo. La música..., la lluvia que cae fina sobre la ciudad, las apasionadas lecturas de las princesas Marta Luisa de Noruega y Victoria de Suecia dirigidas a los contrayentes...


El "sí quiero"

“Ya", dicen los novios. Es un sí en noruego. Se cogen de la mano sobre la que reposa la del obispo. Escuchan sus palabras y se intercambian sus anillos. Son de oro blanco muy sencillo y han sido diseñados, bajo su supervisión, por Esther Helen of hamar que se los ha entregado en una cajita de plata y alabastro.



Una boda enmarcada en besos

Ya son marido y mujer y no esperan a que nadie les diga que se pueden besar. Además de mirarse con ternura y de cogerse la mano, los novios se besan sin reparos, sin vergüenza. De forma espontánea y con gran naturalidad, muestran al mundo sus sentimientos. Besos y besos. A la salida de la catedral, ante los conciudadanos que les dan la enhorabuena cuando salen de la catedral, en el coche con el que harán su paseo nupcial y en el palco del palacio real desde el que, como mandan la tradición saludan al pueblo de Oslo. Junto a ellos, Marius. El hijo de Mette-Marit, que aparece en los brazos de su madre y se frota los ojos como si tuviera sueño. Es un precioso paje al que el pueblo noruego recibe con gritos de júbilo. En el balcón aparece toda la familia. Es un precioso y emocionante momento. Los Reyes de Noruega, no pueden evitar revivir su historia de amor. Han pasado 33 años desde que ellos, siendo también unos recién casados, salieron al balcón de Palacio para saludar a los noruegos.

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