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Comentar 25 AGOSTO 2001

El vestido de novia estaba inspirado en el que lució la bisabuela de Haakon en su boda

Mette-Marit Tjessem escogió un clásico diseño inspirado en el traje que lució la bisabuela de Haakon el día de su boda

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El cabello, recogido en un cuidado moño con la raya al lado, iba adornado con una magnífica tiara de diamantes que data de 1910, regalo de los reyes de Noruega.
 
La estampa era la de una novia sencilla y radiante
 
Era el momento más esperado, Mette Marit Tjessem salía del coche para revelar el secreto que toda contrayente sin excepción guarda con mayor celo; el traje de novia. Confeccionado por el modisto noruego Ove Harder Finseth, un reputado creador de alta costura, al que todas las quinielas daban como el elegido por la novia para tan noble empresa, el vestido era digno de una futura reina.


Romántica estampa

No sólo era el rico tejido –crêpe de seda color marfil- y su línea clásica lo que hacía del traje una soberbia elección, sino que el diseño estaba cargado de simbolismo por estar inspirado en el vestido que lució la reina Maud, bisabuela de Haakon de Noruega, el día de su boda con el rey Haakon VII.


El diseño, de manga larga ajustada, discreto escote redondo y escaso vuelo, tenía una larga cola de dos metros. El velo, de seis metros, que partía del moño sin cubrir el rostro de la joven contrayente, estaba confeccionado en tul de seda. En lugar del tradicional bouquet, la novia llevaba entre sus manos una larga guirnalda trenzada con hojas verdes y una cuidada selección de flores.

El cabello, recogido en un cuidado moño con la raya al lado –peinado al que suele recurrir la ya princesa en sus apariciones públicas- iba adornado con una magnífica tiara de diamantes que data de 1910, regalo de los reyes de Noruega.

La estampa era la de una novia sencilla pero radiante, de cierto aire romántico, un estilo que se adapta perfectamente al modo de vestir de la princesa de Noruega.


Cargado de simbolismo

La elección del vestido se halla cargada de simbolismo, pues no es casualidad que la novia luciese un diseño inspirado en el que llevó reina Maud el día de su boda. Y es que sus ya suegros, los reyes de Noruega, obsequiaron a la novia con un espectacular juego de gargantilla y pendientes de diamantes llamado Fan diamond que había pertenecido a la que fuera soberana consorte, un papel que también el destino le tiene reservado a la novia.
La reina Maud era nieta de la reina Victoria de Inglaterra, soberana que, con su propia boda, puso de moda el uso del color blanco para las novias.


Todos los dedos apuntaban a Ove Harder Finseth, de 36 años, como el diseñador elegido para vestir a la novia de la primera boda real del siglo. El diseñador noruego ha sido asesorado por la princesa Mette-Marit de Noruega en todo momento.

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